¿Sabe, compadre?, orita me siento como una carta sin sobre, así, como cuando cualquiera puede leer lo que dice y enterarse de todo. Ya sabe usté, compadre, si fuera otra cosa no me importaría, pero todos supieron que me dejó mi vieja, y pues eso sí cala.
Ya le digo que esto duele mucho, por que no a cualquiera lo tratan como un perro. ¿Sabe por qué? Por que ya desde antes me porté como un perro, lamiéndole las manos a mi vieja cuando me hacia un cariño, moviéndole la cola cuando me arrimaba un plato de sopa y agachando la cabeza cuando me alzaba la voz. Sí, compadre, por que yo era un perro enamorado que me dejé humillar y preferí enroscarme en un rincón antes de estorbarle.
Hace ya tres días que mi vieja se fue y la extraño mucho, compadre. Cuando salió de la casa me grito que yo era "un poco hombre", que ella era mucho para uno como yo y otras cosas que ya pa qué repito, si la vecindad entera oyó todo. Agarró una maleta donde ya tenia guardada su ropa y se subió a un coche bien bonito, de esos nuevos. Besó al hombre que manejaba, y ni siquiera me echó una mirada para despedirse. Yo nomás me quedé ahí parado, sintiendo cómo el aire se iba haciendo más espeso de tantos cigarros que fumé.
Desde hace tres días estoy aquí. con la puerta abierta, esperando que regrese. No por que crea que se va a quedar pero es que dejó algunas cosas y ¿ya vio, compadre? Se le olvidaron las llaves, y si viene, ¿cómo va a entrar la pobre?
Ándele, compadrito, siéntese y acompáñeme un rato. Nomás no cierre la puerta, por lo que ya le dije; sírvase y brindemos por las viejas. ¿Que si no me da coraje? Pues sí, la verdá que me da harta muina, pero es que a veces puede más el amor que la vergüenza.
Salud, compadre.
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